GUINNESS, Geraldine. Perú: su historia, gente y religión
Los capítulos diecisiete y veintiocho del libro de Guinness nos presentan la visión que tiene una evangelizadora anglicana, en su paso por la ciudad del Cusco, acerca de ciertos aspectos religiosos con los que se ve confrontada y que, en la medida del contexto del que proviene, representan la antítesis de lo sublime, lo moderno y lo apropiado.
En el primero de los dos capítulos se nos ofrece la narración de una experiencia de celebración religiosa en una iglesia católica, caracterizada por los bailes, los disfraces y el alcohol que se reparte entre los asistentes, todo ello visto con la distancia que puede existir entre una mujer inglesa protestante y unos indígenas cusqueños evangelizados. En la última parte de este capítulo se exponen también algunos aspectos de la fiesta de San Juan Bautista en el Cusco, del que la autora recuerda la parafernalia figurativa que acompaña el ritual y sobre la que gira la atención de los asistentes. En este punto hace un primer llamado de atención a los curas católicos que se han convertido, junto a la iglesia y otros ornamentos, en los nuevos dioses de los indios y cholos, de quienes frecuentemente abusan.
El capítulo veintiocho, cuyo eje central es la fiesta del Corpus Christi, es mucho más específico sobre la crítica a la que se refiere, destacando la abominación que significa la adoración de elementos simbólicos sublimados, por eso llama a la ostia el “Dios Wafer”. Lo que Guinness trata de reivindicar es el evangelio por sobre las formas de la celebración, la comprensión por sobre el ritual, el entendimiento por sobre la mansedumbre.
En ambos capítulos se hace referencia también a la imagen del indio en una situación muy precaria y oprimida, a merced de los curas, quienes fungen un rol similar al de dioses privados, que exigen pagos para proveer de las ceremonias religiosas que se requieran. Si bien en el texto no hay condescendencia con los dioses anteriores, se hace hincapié en el desplazamiento de las creencias, pero a manera de superposición, como si la verdadera evangelización haya sido pasada por alto y se viviera en una cristiandad paganizada o un paganismo cristianizado.
Cabe resaltar los pasajes en los que hace referencia a sus anfitriones, a los que llama “caballeros” y sobre quienes indica que no participan del Corpus Crhisti. En otro pasaje se refiere a los círculos intelectuales liberales de la ciudad, que si bien han significado “a terrible foe to the Gospel” han permitido a su vez que la gente “pensante” encuentre las celebraciones religiosas de mal gusto. En base a ello podríamos establecer cierto tipo de relación presupuesto en el texto: catolicismo, paganismo, retraso intelectual y económico.
Finalmente, lo que queda de esta descripción es una breve pero intensa crítica hacia el rol de los sacerdotes católicos que se han encargado de la evangelización de los indígenas peruanos, a quienes Guinness observa con una mezcla de paternalismo, asco y fascinación, angustiada por su situación pagana, horrorizada por sus olores y embriaguez, e impresionada por el colorido de sus trajes y la delicadeza de sus ornamentos.